miércoles, 1 de junio de 2011

Balas de chocolate

“Si las gotas de lluvia fueran de chocolate”, canta la maestra. Los niños mantienen el cuerpo al ras del suelo, mientras intentan seguir la letra de la canción. Fuera de la escuela, se desarrolla un tiroteo, que tendrá como saldo la muerte de cinco personas. Un día más en la ciudad de Monterrey, México. Otra jornada escolar en la que es necesario apegarse al protocolo de seguridad. Porque no son gotas de lluvia, ni de chocolate, las que caen del cielo. Son balas.

Mientras en Uruguay los maestros reciben capacitación para trabajar con las ceibalitas, los educadores mexicanos asisten a cursos donde se les enseña cómo reaccionar ante balaceras que tengan lugar en las escuelas o cerca de ellas. Y mientras los profesores uruguayos acuden al recurso –siempre legal- del paro, en reclamo de seguridad, los profesores en México siguen. Tratan de seguir.

No busco generalizar, ni desmerecer la profesión en Uruguay. Solo hacer un alto y pensar: “mierda, no estamos tan mal”. Todavía nos queda la capacidad y la voluntad de indignarnos, y no de resignarnos. Todavía decimos basta.

La maestra Martha Ribera pasó a la historia –por lo menos, a la historia de la agenda de los medios, bastante más efímera que la Historia- por querer solapar la explosión de las armas con una canción infantil. Una mañana, encendemos el televisor, o clickeamos en YouTube, y un video se ha convertido en la evidencia de una época. Una escena que, aislada, no alcanza a cobrar el sentido brutal que adquiere cuando se la inserta en un mundo herido por el narcotráfico. Entonces se vuelve lógica.

Por eso, Martha Ribera dijo no considerarse “una heroína”, ya que solo hizo su trabajo. Pero no creo que los medios y la gente hayan recogido este video hasta hacerlo viral porque consideren a Martha una heroína. Sino porque los cánones para decidir quién es un héroe se quebraron, y se resquebrajan cada vez más, a un ritmo proporcional al de las muertes injustas y perfectamente evitables.

Porque, aunque las canciones para niños fantaseen con mundos imaginarios, casi disparatados y poco creíbles, son infinitamente preferibles a una orquesta de metrallas.

Si las balas de guerra fueran de chocolate, qué bueno sería ser un héroe.

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