martes, 17 de mayo de 2011

Dónde duermen las maestras

La conversación que se desarrolla en el asiento contiguo parece producto de una estrategia publicitaria del día de la madre. Me siento parte del engranaje de una jornada comercial planeada a la perfección, donde cada minuto las mamás de todo el Uruguay son premiadas por ser madres, y los hijos son presionados para que compren el mejor regalo. A ellas se les recuerda que tienen una responsabilidad brutal por el solo hecho de haber parido. Pero que, ese día -por lo menos uno al año- tienen derecho a un desayuno a la cama, una llamada telefónica larguísima, un dibujo especialmente diseñado para la heladera.

Mientras escucho este diálogo amaso las palabras que salen de la boca de una niña de unos tres años, y las que con cuidado pronuncia la madre. Intento memorizarlas para escribir esta columna. Al mismo tiempo, intento comprenderlas. Atarlas una con la otra, desglosar las frases, encontrar el sentido subterráneo que no puedo oír de forma espontánea. La madre responde un cuestionario improvisado y –es evidente- realiza el mayor de los esfuerzos por ser una madre. De comportarse como una madre. Sabe, lo sé, que cada verdad que diga no despertará dudas en la mente tierna de su hija. Entonces, la verdad tiene que ser moldeable, debe caber en una respuesta sencilla y sin muchas aristas. La niña no cuestiona pero sí formula preguntas, una tras otra, juega con la lengua contra el chupete y sigue preguntando.

-Mamá, ¿dónde duermen las maestras?
-En sus casas.
-Pero, ¿con quién?
-Duermen con sus hijos, con sus mascotas, con sus parejas, seguramente…

La niña vuelve a recostarse contra el pecho de la madre. Ésta cierra los ojos y dormita unos segundos. La hija retoma el hilo de la conversación, lo tironea hacia su lado.

-¿Qué es “pareja”, mamá?
-…

(Un novio. Un esposo. Un papá, pienso).

-Pareja es una persona o un persono que te acompaña.

(Como papá, casi espero que diga).

-La pareja de papá es Yaela.
-Ah.
-Mamá no tiene pareja todavía…
-Yo sí.
-No, los niños no tienen pareja.
-Nico, Mateo, Agustín…
-Esos son amigos.
-Ah.
-¿Querés que te cante para que te hagas nono hasta que lleguemos?
-Bueno. Te quiero mucho, mamá.

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