martes, 24 de mayo de 2011

Hinchazón

Hay quienes poseen un ego más grande que sí mismos. Cuando el ego se hincha, el cuerpo se infla como un pez globo y los ojos saltan de su cavidad, vidriosos y perfectamente redondos. Entonces, uno debe caminar por la calle con los brazos y las piernas extendidos casi en tu totalidad, como los obesos, en un balanceo constante entre la derecha y la izquierda. Y los niños le dicen a sus padres: “Papá, ¿por qué ese hombre camina raro?”, y los padres contestan: “No señales con el dedo, que es de mala educación. Esa persona es egocéntrica”.

Mientras el mejor amigo del hombre es el perro, el mejor amigo del egocéntrico es el espejo. La reproducción de sí mismo, el alivio de comprobar que continúa siendo él, cada mañana, cada noche. Como cuando salimos de casa y volvemos para corroborar que apagamos la luz. Todo está en orden, y nos marchamos satisfechos.

El ego es una palabra diminuta. Entra cientos de veces escrita en un papel, pero cabe solo un ego dentro de cada persona. Porque -lo dice una prescripción tácita- el ego en dosis exageradas produce ceguera. Y se trata de una ceguera selectiva, porque lo único que no deja de verse jamás es el espejo.  

Admiro a las personas que no sienten la necesidad impetuosa de leer lo que escriben, de mirar lo que hicieron, de escuchar lo que dijeron. Leerse, mirarse, escucharse. Los pronombres enclíticos que refieren a uno mismo son delicados. Cuando uno se admira a sí mismo mucho más que lo que los demás lo admiran a uno, esa persona está condenada a ser su único amante. Y, como es lógico, cuando uno muere, su amante –él- también muere, y ninguno trasciende al otro. Cuando alguien solo disfruta de oír su propia voz, ahí es cuando se queda mudo.   

El artista corre mayor riesgo que los demás mortales de ser invadido por su ego. Por eso, es recomendable que aquel que hace arte tome a diario una dosis considerable de realidad, rellena de las críticas de los verdaderos amigos, aquellos que no tienen vergüenza de decir las verdades que el espejo jamás pronunciará.

Alguien que se encuentra a gusto cuando un batallón de personas dependen de sus órdenes, que no siente vergüenza cuando otro lo halaga hasta empalagarse, y desearía ver su cara sobre los muros y postes y carteles de las ciudades…corre el riesgo de explotar. Cuando ese alguien espera que la gente quiera llevarse un souvenir con su rostro y su nombre, entonces el nombre pierde valor. Cuando ese alguien quiere ser una moda, la temporada siguiente ya no existirá.  

1 comentario:

  1. "Cuando ese alguien quiere ser una moda, la temporada siguiente ya no existirá" - Me encantó, principalmente los dos últimos párrafos! :)

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